¿Cuántos años hemos perdido en la búsqueda del espacio perfecto? ¿En tirar nuestras ideas al hoyo infernal de alguna red social? ¿En perder la cordura tratando de conectar lo inconectable? ¿Entablando conversaciones con el pozo sin fondo del algoritmo, con la vaga esperanza de que nuestros mensajes embotellados aparezcan, finalmente, en el muro de quienes se dispondrán a leerlos?

No más, nunca más. De aquí en adelante, los textos vivirán como las liebres, en las praderas del fediverso, en compañía de lunáticas y lunáticos preparados para soportar la inevitable soledad del internet, pero acompañando al resto de las lunáticas.

Aquí se armó una jerga, veamos cuánto jerguista vamos a atrapar.