Las opiniones son como los anos
todos las tenemos.
Eso no significa que se tienen que defender a capa y espada, o no siempre. A veces, es bueno poder dar un paso hacia atrás, separar la cabeza de lo otro y darse cuenta que la opinión de uno puede estar errada, o que puede haber opiniones distintas con los mismos derechos de existir.
En eso yace, por cierto, la diferencia entre la opinión y el ano. Por mucho que uno quiera, el ano se queda en su lugar por muchos pasos que demos, sin importar la dirección.
Es triste observar a quienes tienen paredes tan duras en la cabeza que se ofenden cuando se les cuestiona. Es aún más triste, trágico incluso, cuando se trata de alguien que supuestamente pelea en contra de la opresión y la propaganda. Tenemos noticias, compa – el opresor eres tú, que no dejas que nadie diga ni pío sin interponer tus propias ideas rancias acerca de cómo la revolución tiene que ser comunista y cómo Lenin es el epítome de la revolución.
Pero bueno, qué voy a saber yo. Seguramente en los anales de tu cerebro existen buenas razones para callar a quienes no comparten tu ranciedad.